miércoles, 14 de junio de 2017

Cuando obteníamos sinfonías


Aún atormenta en mi cabeza la suavidad de las sabanas traslúcidas que cubrían tu cama. El sonido chirriante del cabecero de madera. La almohada donde murió nuestro fuego. Para muchos el mejor dueto, y ahora mi corazón prefiere cantar solos; cenizas de orquesta. Tocando tu piel con la yema de mis dedos junto al piano, dejando marca en cada tecla. Cuerpo de guitarra estremecido, platillos, trompetas…

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